Nació
en una fría pero hermosa mañana de diciembre, fue el cuarto de
seis cachorros poodle, tres hembras y tres machos. La mamá de
nombre Rosenda había tenido ya dos camadas anteriores, al papá,
un french de abolengo, ni siquiera lo conoció. Nuestro per-sonaje,
un elegante y fino perrito, blanco como la nieve, como se
acostumbra en estos casos, convivió con Rosenda y sus hermanos
poco tiempo, algo así como 45 días, su habitación era un pent-house
de cartón que compartió con sus traviesos consanguíneos, que
abandonaron el hogar antes que él, que fue el último en decir
adiós al regazo materno y al pent- house de cartón. Se fue de
la casa pues Rosenda, haciendo caso a su instinto, fue buena
madre mientras los cachorros estuvieron en su vientre y dejaron
de mamar, lo que ocurrió 33 días después de nacer; luego de
eso Rosenda se desentendió de sus vástagos y se hizo necesario
encontrarles una nueva familia, por lo que los amos de Rosenda,
la familia Morán, se dio a la tarea de colocar a los perritos,
lo que no fue difícil, ya que lo gracioso y hermoso de estos
animalitos, los hacen muy solicitados.
Nuestro
amigo, tiene una nueva familia y es muy peculiar, el papá Juan
Carlos, un hombre maduro, regordete, simpático, abogado de
profesión experto negociador tanto en asuntos financieros como
en materia familiar; Martha la mamá, mujer hermosa y madura,
muy trabajadora pero de carácter recio y poco transigente; por
último Vanesa, la niña, hija única, una pequeña de 8 años
cariñosa y tímida, que siempre quiso tener una mascota.
La
llegada del perrito fue motivo de una larga discusión entre
Martha y Juan Carlos, pues aunque a los dos les quedaba claro
que la mascota sería una buena compañía para Vanesa, Martha
no se convencía de las ventajas de tenerla, pero finalmente
Juan Carlos, como buen negociador cambió la percepción de
Martha y decidieron adoptar al cachorro, y así una tarde de
enero se dio el primer encuentro, Juan Carlos recogió al
cachorro en casa de los Morán, fue por Martha a su oficina, y
se dirigieron al colegio de Vanesa, que se llevó una auténtica
sorpresa y no se desprendió ni un instante de su nuevo compañero.
Antes de llegar a casa, Vanesa recordó a sus papás que su
flamante amigo también come y no estaban preparados para tal
evento, algo que parecía muy fácil como comprar la comida del
pequeño, se convirtió en un problema y acabaron comprando lo
que pensaron conveniente, además de los utensilios propios del
cachorro.
Al
fin llegaron a casa, un departamento grande, y se le asignó
como alcoba uno de los baños del recinto, que por supuesto
resultó más
amplio que el pent-house de cartón. Ese mismo día en pleno
Consejo del Clan familiar, después de una larga deliberación,
Vanesa eligió el nombre, “Popis”, lo
que contó con el acuerdo unánime.
Los
primeros días de Popis con su nueva familia fueron difíciles,
lloraba por las noches, sufría regaños continuos de Martha,
que estaba decidida a educar al perrito con disciplina militar,
pero llegó un momento en que la tensión fue al límite y
Martha desesperada amenazó: ¡Aprendes a comportarte o te
largas! Popis era muy travieso, sacaba el papel del baño,
robaba los zapatos de Martha y Vanesa, ensuciaba todos los
rincones de la casa, lo que le costaba numerosos encierros en su
alcoba.
Al
cabo de dos meses, Popis por fin entendió la severa disciplina
a la que fue sometido, aunque nunca perdió lo travieso y así
se adaptó poco a poco a su hábitat y al mal carácter de
Martha, pero siempre contó con una buena defensa de Vanesa y
Juan Carlos. Popis, poco a poco se fue metiendo en el corazón
de todos y hasta llegó a ser un personaje querido y mimado por
los habitantes del edificio.
Popis
estuvo al cuidado de su médico particular, un amigo de la
familia, de nombre David, que detectó que el cachorro padecía
un problema serio, tenía un testículo incrustado en la zona
inguinal, que necesitaba operación, cuyo único riesgo era la
anestesia. Cuando Popis cumplió 10 meses, se realizó la cirugía
en la clínica de David y la advertencia se hizo realidad, el
perrito no reaccionó a la anestesia y dentro de las siguientes
10 horas a la intervención, ya había tenido 3 paros cardiacos,
sus signos vitales eran muy débiles y el pronóstico era
pesimista, en ese trance, a sugerencia de David se trasladó a su hogar, convirtiéndose la sala del
departamento en un auténtico cuarto de cuidado intensivo, a
pesar de esto, Popis no progresaba pero se mantenía estable, su
cara demacrada y sus ojos extraviados presagiaban lo peor y
repentinamente llegó el cuarto paro cardiaco, no respiraba y
David desprendiéndose de su indumentaria médica dijo: “No
hay nada que hacer, hasta aquí llegó.” . Sin embargo Martha
no se dio por vencida, reanimó como pudo a Popis, que
lentamente recuperó el ritmo cardiaco y respiratorio, aferrándose
a la vida, dándose el milagro. Popis se reestableció y ahora
disfruta del cariño de todos en especial el de Martha.
El
pequeño Popis nos enseñó que cuando se lucha como lo hizo,
Dios otorga una nueva oportunidad.
Gracias por tu historia
Juan Carlos Herdocia M.
México, D.F.
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El
único propósito de esta columna es la de promover la cultura y
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