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La comunicación canina

Los ladridos intervienen poco en la comunicación entre perros salvajes. Sin embargo el ladrido es frecuente en los domésticos debido al aprendizaje, ya que el hombre privilegia de manera natural la comunicación verbal y el perro aprende a reforzar sus vocalizaciones.

Hay, sin embargo, otro tipo de señales emitidas por los perros, menos conocidas pero igualmente importantes para comprender el comportamiento de un perro. Muy diferentes a las expresadas por el hombre e indicativas de deseos muy diversos, estas señales: son la vista y los movimientos.

La visión canina
La adquisición de las señales de comunicación del canal visual es, sin duda, uno de los fenómenos más fascinantes del período de socialización por su complejidad y precisión. El ojo del perro está adaptado a la visión con poca luz pero carece de definición. La visión de los detalles es posible a plena luz sólo si el objeto está a más de veinticinco centímetros.

Contrariamente a lo que se cree, sí que ven los colores. Aprecian mejor las gamas de azules y verdes, y peor los tonos rojos. Las señales visuales pueden ser el resultado de características morfológicas, de movimientos emocionales o de la ejecución de movimientos específicos del emisor.

Las primeras consisten esencialmente en manchas de colores en el cuerpo como las marcas negras que resaltan la piloerección, o las manchas blancas de la región del pecho donde se suele morder en combates jerárquicos, o el escudo de la región anogenital donde se olisquean.

Las segundas, es decir, los movimientos emocionales conllevan movimientos corporales variados como piloerección, midriasis, miosis, movimientos de las orejas o de la cola, temblores, sobresaltos o inmovilizaciones. Son elementos que acompañan a la ejecución de posturas, que refuerzan el mensaje.

Movimientos específicos
Si estos dos tipos de señales corresponden a sistemas involuntarios, el tercer tipo de señales, los movimientos específicos, son producciones motoras voluntarias, y son aprendidas por el cachorro durante la socialización. Consisten en posturas y mímicas que permiten a los perros comunicarse y constituyen secuencias que llamamos rituales.

Estos rituales favorecen la cohesión social, limitan los conflictos que pueden desestabilizar la manada y son propios de cada manada, de tal manera que podríamos decir que el lenguaje canino declina en infinidad de dialectos.

Los rituales derivan de comportamientos simples. Por ejemplo, la postura de sumisión aparece de la ritualización de la micción desencadenada con el lamido por la madre, pero también las peticiones de regurgitación, comportamientos sexuales, cojeras, rascado de piel, toser, etc. Todas son susceptibles de ritualizarse y convertirse en un elemento de comunicación.

Trastornos por incomunicación
El hecho de no saber comunicarse o no entender los mensajes recibidos puede provocar en el perro profundos trastornos ansiosos y hacer la convivencia imposible, esto es lo que ocurre cuando cambiamos un animal de un grupo a otro (no entiende el nuevo 'idioma').

También es importante saber que la convivencia con el hombre modifica profundamente todos los elementos de comunicación, y que esto puede ser el origen tanto de alteraciones en el comportamiento como de conflictos que dificulten la convivencia con el hombre o con otros perros.

 

 

 

 
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